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NUESTRA OPINIÓN

La Estrategia Nacional de Energía

Energías

La Estrategia Nacional de Energía: en la ruta hacia una economía de bajo carbono.

 Dr. Mario Molina

La Estrategia Nacional de Energía 2013-2027 (ENE) presentada recientemente por el Poder Ejecutivo ante el Senado será un elemento importante para la definición del futuro energético y ambiental de largo plazo del país. Sus planteamientos reconocen que existen metas legales de transición energética y de mitigación, como las incluidas en las leyes de cambio climático y energía renovable, señalando también que hay diferentes formas de alcanzarlas.

El documento ofrece una visión acertada del sector y da respuestas amplias a los retos del país; apuesta por una diversificación energética en la cual la mezcla exacta está aún por determinarse. Son otros los instrumentos que deberán detallar el camino trazado por la estrategia, tales como los planes y programas sectoriales. Esta diversidad de opciones es de hecho conveniente, pues permitirá evaluar cada proyecto a la luz de sus costos y beneficios, considerando las oportunidades tecnológicas disponibles cuando se tome la decisión. Es necesario que dichas evaluaciones se realicen con metodologías que tomen en cuenta las incertidumbres tecnológicas y los riesgos económicos, además de las externalidades ambientales.

La ENE introduce suficiente flexibilidad para que el país pueda transitar los próximos años hacia una matriz energética de bajo carbono de una forma eficiente y sobre todo para poder administrar los costos de hacerlo.  Busca aprovechar todas las oportunidades incluyendo el gas de lutitas (shale gas), la geotermia y el gran potencial de energías renovables. También incluye la opción nuclear, y de manera destacada, reconoce la importancia de aumentar la eficiencia energética.

Tomando en cuenta que la Estrategia Nacional de Cambio Climático y su correspondiente programa están aún en elaboración e influirán sobre las opciones de política, la ENE 2013-2027 indica un conjunto de medidas amplias y flexibles que permitirán optimizar la trayectoria hacia una economía de bajo carbono. En esta ruta existen oportunidades para crear círculos virtuosos entre la innovación, la adopción temprana de tecnologías, y la reducción de costos. Hay medidas como la ampliación de la oferta de energía vía opciones renovables cuyos costos deberán analizarse a la luz de sus beneficios. Ante el muy probable establecimiento de un precio al carbono como parte de un nuevo régimen climático internacional, algunas acciones de alto costo hoy pueden convertirse en una oportunidad para México de posicionarse como un receptor de financiamiento y como un exportador de bienes y servicios con cada vez menor huella de carbono.

Aprovechar el abundante potencial de  los recursos renovables representa parte de la respuesta para una transición energética sólida y de bajo costo. Al mismo tiempo, el gas natural puede ser administrado en México como un combustible de transición que disminuya la huella de carbono y la emisión de contaminantes en tiempos y costos razonables, en tanto avanza el desarrollo y madurez de las otras energías, incluyendo las renovables, la geotérmica y la nuclear. La abundante disponibilidad en México del  gas de lutitas, es una oportunidad que no se debe desperdiciar. Para que sea verdaderamente un combustible de transición, sus rentas deberán invertirse en la transición hacia no-fósiles. La ENE busca aprovechar este potencial al tiempo que reconoce la necesidad de abordar los retos asociados con tecnologías y procedimientos que minimicen el impacto ambiental y preserven el recurso hídrico.

El potencial ganar-ganar de la eficiencia energética tiene un lugar merecido en la ENE, y deberá enfatizarse aún más. Sabemos que existe una importante ineficiencia en los patrones de consumo de la energía en México, producto de muchos años de subsidios. Eliminarlos y transformarlos en apoyos que incentiven la eficiencia y favorezcan directamente a la población que más lo necesita, contribuirá a generar múltiples beneficios, tales como liberar recursos  para la inversión social, reducir la contaminación, y promover oportunidades económicas alrededor de una industria de la eficiencia.

Lo que sigue es aterrizar esta estrategia en planes, programas y proyectos específicos con metas y acciones concretas que permitan poner a México en la ruta correcta hacia una economía de bajo carbono.

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